BELLA ANDRE

lunes, 14 de noviembre de 2016

CAPITULO 33 (SEGUNDA HISTORIA)







El lunes por la mañana, Paula fue a la sala de conferencias y cerró la puerta. Todavía se estaba recuperando de la barbacoa del domingo en casa de sus padres. Durante toda la tarde la habían empujado hacia hombres solteros. 


Hombres calvos, aburridos, engreídos de todas formas y tamaños le traían copas de vino y le decían lo guapa que era. Pero la mayoría de ellos lo que admiraban era la barbacoa y la cocina último modelo al aire libre de su padre, sabiendo que si se casaban con ella, un día todo eso les pertenecería. No vio el momento de marcharse.


El teléfono en el centro de la mesa llamó su atención, desafiándola a que llamara a JP y le dijera que estaba lejos de estar preparado para jugar en un nuevo equipo. Porque después de verlo jugar el sábado, sabía con seguridad absoluta que todavía no podía venderlo —tal vez nunca.
JP era un choque de trenes: rápido cuando debería tomarse su tiempo, cogiendo la pelota o demasiado pronto o una milésima de segundo demasiado tarde. Tenía un gran físico, pero no tardaba mucho en quedarse sin aliento.


Claro, que podía correr con él hasta que se derrumbara, hacer que empezase el día con pesas y lo terminase con flexiones y abdominales hasta que pidiera misericordia. Pero era algo más que condición física lo que necesitaba JP. Y ciertamente, ella no estaba segura de que tuviera ese algo especial.


Un algo especial que Pedro tenía de sobra.


No debía pensar en él, no tenía sentido. Siempre lo amaría más allá de las palabras, pero no podía estar con un hombre que quería controlarla.


Obligándose a concentrarse, tomó el teléfono y marcó el número de JP. Él no estaba en casa y tampoco respondía al móvil.


Genial. En lugar de trabajar ese culo para convertirse en el mejor maldito receptor del país, seguramente estaría por ahí gastándose todo el dinero que no tenía a la espera de un contrato millonario.


Si verdaderamente no fuera su único cliente, lo habría despedido tan rápido que su cabeza le daría vueltas.


El resto del día, hizo llamadas telefónicas y envió e-mails a todos los intermediarios de las agencias con las que había trabajado. Les preguntó como distinguirían ellos a un gran receptor de uno bueno, y las informaciones que ellos dieron fueron de oro.


JP necesitaba ejecutar rutinas precisas, tener velocidad de salida y hacer capturas, incluso en un bloqueo doble. Al final del día, tenía un plan para lograr el éxito. Ahora todo lo que tenía que hacer, era encontrarle. Meterle el plan por su bonita garganta.


Tenía menos de una semana para transformar a JP, de un cliente mierda, en otro de oro macizo. Cuatro días y medio eran pocos para hacer un milagro. Si ella lo conseguía, su padre tendría que besar sus pies.


Aunque de repente la opinión de su padre no le importaba tanto como solía hacerlo.


El teléfono sonó, cuando lo levantó Angie fue directamente al grano.


—Tu padre quiere verte. Ahora.


¿No le había dicho a su padre que la dejara en paz por lo menos durante una semana?


—Muy bien —estaba preparada para discutir con él.


Su padre empujó hacia atrás la silla cuando ella entró.


—Tengo una noticia extraña. Malas noticias.


El corazón se le disparó.


—¿Mamá?


—No tu madre está bien. Es sobre Pedro.


Ella se detuvo, con el corazón en la garganta, intentando concentrarse en las revelaciones de su padre.


—¿Qué? ¿Qué es?


—Acabo de recibir una llamada de mi amigo en el Sports Illustrated. Uno de sus escritores estaba haciendo un reportaje sobre los mayores héroes del fútbol y el nombre de Pedro estaba en la lista —su padre se pasó la mano por la cara—. Evidentemente el escritor desenterró algo sucio sobre Pedro. Algo de su pasado.


¿Estaba Pedro ocultándole algo a ella? ¿A todos? El corazón le dolía por él, incluso mientras intentaba enterrar su dolor porque no hubiera confiado en ella.


—¿Te dijo tu amigo que era?


—No. Y dado que Pedro está a punto de retirarse, este es el momento para que piense en autobiografías, giras, visitas a los institutos para motivar a los estudiantes. Todos vamos a perder mucho, pero Pedro el que más. Tienes que averiguar qué demonios hizo y rápido. Y luego arreglarlo aun más rápido.







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