BELLA ANDRE
lunes, 14 de noviembre de 2016
CAPITULO 35 (SEGUNDA HISTORIA)
Paula lo intento todo, teléfono, mail, incluso una visita a su casa, pero Pedro había desaparecido. Hasta que otro Outlaw pasó por su cubículo y la oyó dejando otro mensaje en su correo de voz y descubrió que se había ido al lago Tahoe.
—Tienes razón, lo había olvidado —mintió. Odiaba el hecho de no saber lo que hacían sus clientes.
Furiosa, tomó un taxi hacia la agencia más próxima de alquiler de coches. Ciertamente aquella noche no contaba con un paseo de cuatro horas por las montañas, intentó controlar la rabia durante todo el viaje, maldiciéndolos a los dos por la arrogancia de él y su sueño estúpido de trabajar con jugadores obcecados.
El sol ya se había puesto cuando condujo a un extenso parking de tierra. Los pinos eran altos en ambos lados de su coche e incluso en la oscuridad era un escenario inevitablemente hermoso.
Saliendo del coche, se estremeció bajo la blusa de algodón.
Las noches en el lago Tahoe eran muy frías. Sus ojos se abrieron cuando se encontró frente a la casa, poco ostentosa pero que incluso a la luz de la luna era la cabaña más hermosa que había visto.
Podía imaginarse corriendo hacia la playa con toallas, detrás de los niños, mientras Pedro se quedaba atrás, en la parrilla, girando hamburguesas y perritos calientes.
Sus ojos se llenaron de lágrimas repentinas por lo que se forzó a descartar las imágenes de su cabeza. ¿Cuándo iba a aceptar que el feliz para siempre nunca iba a pasar?
Ignorando el timbre, llamó a la puerta y se preparó para ver el hermoso rostro de Pedro. En lugar de eso la saludó JP.
—Me estaba preguntando cuándo vendrías —dijo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Paula quiso golpearlo.
JP fue a la cocina y dejó una botella de vino para coger una Perrier .
—¿Quieres una? —ella movió la cabeza negando.
—Lo que quieras —quitó el tapón a la botella de agua y se la llevó a la boca.
¿JP estaba bebiendo agua? ¿No era vino, o whisky, o cualquier otra cosa que le impediría jugar bien en el campo?
—Diablos, esto va en serio —dejó de lado la botella y se pasó la mano por la boca—. Estoy muerto —pasó las manos sobre la cabeza y bostezó.
La frustración hervía dentro de ella.
—Por todos los baños de sol que tomaste en el lago te iba a dar la noticia un día más agradable, pero no puedo preocuparme más, la verdad es la siguiente, he visto las cintas de tus juegos y no me impresionaron.
—Te estoy oyendo jefa —JP simplemente asintió.
—¿Me estás oyendo? —dijo cogida por sorpresa.
—Pedro me enseñó algunas cosas.
Ella parpadeó.
—Mi tiempo está mal —admitió— me he relajado durante los entrenamientos y necesito salir más rápido de la línea.
Ella lo miró asombrada. Había hecho una lista con varios de los problemas sobre los que pensaba hablar con él. Una vez más, Pedro había acertado de lleno. Era su caballero de brillante armadura arreglándolo todo.
Si por lo menos esto no oliese a pedir disculpas, como cuando se ofreció a ser su cliente después de su primera noche juntos…
Una puerta de cristal se abrió y él entró trayendo un montón de leña. Sus ojos se abrieron y se le hizo la boca agua.
Obviamente estaba cortando leña sin camisa.
Intentó retomar su resentimiento, pero era difícil estar enfadada con un hombre que estaba tan guapo como él. Tal vez si llevara una camisa, hubiera sido capaz de juntar dos pensamientos, pero ahora mismo, todo lo que podía ver era su pecho liso y sudado, los hombros musculosos y su…
—Paula, estoy feliz de que estés aquí —dijo Pedro.
Tuvo que buscar profundamente dentro de sí misma para impedir que sus rodillas se volviesen blandas.
—¿Planeabas informarme pronto sobre esta situación con JP?
—Déjame explicártelo —soltando la madera se aproximó confiado y sin esfuerzo.
No se dio cuenta que ella posiblemente no podía tener aquella conversación con él a menos que estuviese cubierto de la cabeza a los pies ¿Y usando tal vez una bolsa sobre su cabeza? Entonces, tal vez supiese lo que estaba haciendo.
Probablemente no era la primera vez que usaba su mirada para conseguir todo lo que quería.
—Vístete, y después hablaré contigo —girándose de espaldas a él, se enfrentó a JP que observaba el diálogo con interés—. Pero tú y yo vamos a hablar ahora.
Entró en la salita de la casa del lago, olvidándose de otra imagen de familia, niños y risas. De ahora en adelante era cien por cien negocios.
JP se sentó sobre un sofá y puso los pies descalzos encima de la mesa del café.
—¿Necesitáis que me vaya?
—Voy a hablar con Pedro en privado —frunció el ceño— después que termine contigo.
—No puedo creer que vaya a hacer esto —JP se rascó la barbilla.
—Entonces no lo hagas —dijo ella sintiendo el comienzo de una jaqueca.
—No consigo mantenerlo aquí dentro —él puso una mano sobre el corazón.
Ella volvió los ojos.
—Esta es la cosa, jefa —dijo— sé todo sobre sentir amor. Y lo estoy sintiendo ahora mismo.
—Por favor, no —¿Iba él a confesar que tenía sentimientos por ella? Aquello sería horrible.
—No te preocupes —dijo él riendo— no estoy enamorado de ti —la miró de arriba abajo— incluso aunque, de una manera respetuosa, eres un magnífico cuerpazo sexy.
—Creo que hemos terminado nuestra conversación ahora JP.
—Estoy hablando sobre ti y Pepe.
—Nosotros solo trabajamos juntos —su corazón dio un salto.
—Aún se me hace duro creer que has elegido a un viejo como él en vez de elegirme a mi — JP sonrió.
—No lo he escogido —movió la cabeza negando.
—No te preocupes, él no me dijo nada. Es solo un pálpito. Y viéndoos a los dos ahora mismo, realmente las cosas están muy claras.
¿Qué había visto él que no hubiese visto ella? Quería cogerlo por el cuello y sacudirle las respuestas.
Pedro entró en la sala y JP se levantó rápidamente del sofá.
—Tengo que conocer algunas chicas guapas de Tahoe. Hasta luego.
—No toques una gota de alcohol —advirtió Pedro.
—Ya te he escuchado, profesor. Voy a quedarme seco. Palabra de boy scout.
Paula deseó desesperadamente que se quedase; lo necesitaba como protección. Entonces la puerta se cerró y se encaró con Pedro, con el silencio extendiéndose entre ellos.
Él habló primero.
—Probablemente has comprendido el porqué JP está aquí.
—Lo estás entrenando.
—Y es un alumno rápido.
—Por lo menos unos de vosotros lo es.
Los expresivos ojos marrones se abrieron con sorpresa.
—Entiendo —dijo ella— te estás disculpando. Quieres hacer esto por las cosas horribles que me dijiste. Nuevamente.
—Es más que eso —la mandíbula de él se apretó.
—Claro que lo es —ella se levantó.
—Te amo —él dio un paso en dirección a ella.
—Claro que me amas —ella forzó las palabras sarcásticas.
Odió aquello, pero no podía volverse atrás en aquel momento. Ni nunca más.
—No sé que más hacer para convencerte.
Ella cerró los ojos, después los abrió y lo miró directamente.
—Es solo para tentarme, ¿no es cierto? Soy tu agente y tú eres mi cliente, eso es todo lo que ha sido y será entre nosotros —el dolor atravesó el rostro de Pedro, pero ella no podía dejar que aquello la echase atrás—. He venido a darte noticias —dijo con voz más suave—. Malas noticias.
Un brillo de alarma cruzó el rostro de él.
—Un periodista del Sports Illustrated descubrió algo sucio en tu pasado. Necesito saber lo que es, Pedro. Cualquier cosa y todo lo que puedas recordar. Podemos cambiar este juego, pero necesitamos hacerlo deprisa.
—No podemos cambiar este juego —Los ojos se volvieron sombríos cuando la miró a distancia— está finalmente acabado.
—¿Qué ha terminado? —ella le cogió la mano y la apretó con fuerza— ¿Qué pasó?
—Acostumbraba a beber —sus palabras fueron duras y rápidas—. Cualquier cosa que pudiese robar. A los novios de mi madre, a los padres de mis amigos. Rompía las cerraduras de las tiendas de bebidas. Era fácil hacerlo y coger lo que quería.
—Eras solo un chico. Las personas cambian —Paula se esforzó por esconder su sorpresa.
—Robar coches era mucho mejor. Mi amigo Joe y yo hacíamos un puente y nos dábamos un paseo para después dejarlos con el depósito vacío y algunos cigarros usados. Joe iba a ir a Virginia Tech con una beca de fútbol.
Pensábamos que éramos invencibles. Entonces choqué contra un árbol.
Un suspiro escapó antes de que ella pudiese reprimirlo.
—¿Te pasó algo?
—No me pasó nada —movió la cabeza tristemente—. Joe se rompió las piernas y perdió su beca.
Aquello hizo salir todo lo que había aprendido de su padre para interpretar aquellas revelaciones bajo la perspectiva de los negocios: aquella historia podía ser una pesadilla para las relaciones Públicas si saliese de forma equivocada. Aún así su corazón se quebró por el adolescente que había sido.
—¿Cómo no he oído esa historia antes? —preguntó calmadamente— ¿Cómo algo así ha estado bajo la alfombra tantos años?
—Sus padres eran políticos locales. No podían dejar que se supiese que bebía y robaba coches.
—Pedro —dijo ella suavemente—. Eras un chico. Los chicos hacen cosas estúpidas —la expresión de él era sombría—. Nunca te has perdonado, ¿no es cierto?
Él no se movió ni pestañeó. Y entonces movió la cabeza aceptando.
—No —sus ojos imploraban el perdón—. Quise decírtelo antes. Pero no sabía cómo.
Aturdida, necesitó algunos minutos para procesar todo aquello.
—Has puesto mis patrocinios en riesgo —dijo él interpretando mal su silencio, como si ella se preocupase e intentase administrar la situación—. No me importa el dinero. No lo necesito. Pero ahora he estropeado tu carrera también.
Ella levantó la mano.
—Es mi trabajo ocuparme de eso. No el tuyo. Vamos a descubrir eso juntos.
—¿Te vas a quedar? —la mirada de él se volvió más clara cuando la miró fijamente
—Voy a quedarme —pero ella no confiaba en sí misma para continuar en la casa de Pedro. No cuando quería consolarlo y el único modo en que sabía hacerlo era con su cuerpo—. Voy a pasar la noche en la ciudad y mañana presentaremos un plan de relaciones públicas. Y voy a ayudarte a entrenar a JP. Tengo algunas ideas.
Por primera vez en toda aquella noche Pedro sonrió.
Su cuerpo estaba tan dolorido y abatido que se adormeció no mucho después de que Paula se fuera. Pero se despertó antes del amanecer, asombrado de todo lo que ella le había dicho.
Estaba en lo cierto sobre él, sus acciones habían sido motivadas por la culpa. La amaba profundamente, pero trabajar con JP había sido para aliviar su culpa.
Había hecho lo mismo durante años por Joe. Casas, coches, barcos, los compraba todos, incluso cuando Joe le decía que no los quería ni los necesitaba.
¿Por qué diablos había agobiado a su amigo con regalos extravagantes a lo largo de los años? Joe era un tipo inteligente, ejecutivo de su propia empresa fabricante de productos “naturales” de belleza. Definitivamente no necesitaba sus sentimientos de culpa.
Así que el Sports Illustrated iba a por él. Debía de haber revelado su pasado hacía mucho tiempo.
Se levantó, abrió la ducha y se quedó de pie bajo el agua.
Parecía que todo se volvía limpio.
CAPITULO 34 (SEGUNDA HISTORIA)
El sudor le goteaba por los ojos a Pedro y lo apartó con el dorso de la mano. En las últimas cuarenta y ocho horas, a siete mil pies en el Lago Tahoe, donde el aire era seco como en el infierno al contrario que en San Francisco al nivel del mar, lo que empujaba su cuerpo al límite.
Pero JP se lo hacía aun más difícil.
JP que estaba en cuclillas sobre la hierba se arrodilló y vomitó. Al mediodía había vomitado todo lo que tenía en su organismo. Al final de la tarde estaba protestando.
Aunque para ser justos, JP todavía no se había echado a llorar. No podía, no si quería mantener su orgullo intacto.
Pedro sonrió. Entrenarlo había sido un infierno malditamente más divertido de lo que esperaba. Estaba sintiendo un gran placer al verlo sufrir.
Se puso ante él bloqueando la luz del sol.
—Vamos a la sala de musculación.
JP gimió.
—¡Déjame en paz, joder!
—No puedo, delincuente. No hasta que dejes de arrastrarte.
—¡Que te jodan!
—Si todavía puedes hablar, no debo estar trabajando lo suficientemente fuerte.
JP se incorporó con la ayuda del tronco de un árbol cercano.
—Algún día me las pagarás por esto.
—No tengo ninguna duda. Te doy ventaja hasta la sala de musculación.
JP le miró.
—No me hagas ningún favor.
Pedro se encogió de hombros, con la intención de empujar a JP hasta que mostrase tener un maldito coraje.
—Tres, dos, uno.
Salieron disparados por el camino de tierra en dirección a la casa en el Lago Tahoe, a una velocidad vertiginosa. Por primera vez, Pedro tuvo que contenerse en lugar de impulsarse para que JP no renunciara por vergüenza.
Cinco minutos después, la mano de JP contactó con la madera de la barandilla ante él. A pesar de todo, Pedro estaba impresionado.
Cuando JP quería, podía aguantar hasta la extenuación. Ser así de rápido después de dos días agotadores en los que Pedro lo mantuvo corriendo desde las cinco de la mañana hasta la media noche… era impresionante.
JP se derrumbó en el suelo jadeando.
—Gracias.
Pedro se reclinó contra la barandilla de madera roja.
—Díselo al banco de pesas —dijo, sabiendo los dos que ese era el código para “de nada”.
Pedro todavía no le había dicho a JP porque decidió trabajar con él, pero estaba seguro que el tipo sabía que lo estaba haciendo por Paula. Ella merecía grandes clientes. Y ya que pensaba que su tiempo como profesional estaba llegando a su fin, podría pasar un poco de lo que había aprendido en los últimos quince años a un joven como JP.
No importaba lo duro que tuvieran que trabajar, no iba a permitir que JP fracasara. No cuando eso significaría que también lo haría Paula.
CAPITULO 33 (SEGUNDA HISTORIA)
El lunes por la mañana, Paula fue a la sala de conferencias y cerró la puerta. Todavía se estaba recuperando de la barbacoa del domingo en casa de sus padres. Durante toda la tarde la habían empujado hacia hombres solteros.
Hombres calvos, aburridos, engreídos de todas formas y tamaños le traían copas de vino y le decían lo guapa que era. Pero la mayoría de ellos lo que admiraban era la barbacoa y la cocina último modelo al aire libre de su padre, sabiendo que si se casaban con ella, un día todo eso les pertenecería. No vio el momento de marcharse.
El teléfono en el centro de la mesa llamó su atención, desafiándola a que llamara a JP y le dijera que estaba lejos de estar preparado para jugar en un nuevo equipo. Porque después de verlo jugar el sábado, sabía con seguridad absoluta que todavía no podía venderlo —tal vez nunca.
JP era un choque de trenes: rápido cuando debería tomarse su tiempo, cogiendo la pelota o demasiado pronto o una milésima de segundo demasiado tarde. Tenía un gran físico, pero no tardaba mucho en quedarse sin aliento.
Claro, que podía correr con él hasta que se derrumbara, hacer que empezase el día con pesas y lo terminase con flexiones y abdominales hasta que pidiera misericordia. Pero era algo más que condición física lo que necesitaba JP. Y ciertamente, ella no estaba segura de que tuviera ese algo especial.
Un algo especial que Pedro tenía de sobra.
No debía pensar en él, no tenía sentido. Siempre lo amaría más allá de las palabras, pero no podía estar con un hombre que quería controlarla.
Obligándose a concentrarse, tomó el teléfono y marcó el número de JP. Él no estaba en casa y tampoco respondía al móvil.
Genial. En lugar de trabajar ese culo para convertirse en el mejor maldito receptor del país, seguramente estaría por ahí gastándose todo el dinero que no tenía a la espera de un contrato millonario.
Si verdaderamente no fuera su único cliente, lo habría despedido tan rápido que su cabeza le daría vueltas.
El resto del día, hizo llamadas telefónicas y envió e-mails a todos los intermediarios de las agencias con las que había trabajado. Les preguntó como distinguirían ellos a un gran receptor de uno bueno, y las informaciones que ellos dieron fueron de oro.
JP necesitaba ejecutar rutinas precisas, tener velocidad de salida y hacer capturas, incluso en un bloqueo doble. Al final del día, tenía un plan para lograr el éxito. Ahora todo lo que tenía que hacer, era encontrarle. Meterle el plan por su bonita garganta.
Tenía menos de una semana para transformar a JP, de un cliente mierda, en otro de oro macizo. Cuatro días y medio eran pocos para hacer un milagro. Si ella lo conseguía, su padre tendría que besar sus pies.
Aunque de repente la opinión de su padre no le importaba tanto como solía hacerlo.
El teléfono sonó, cuando lo levantó Angie fue directamente al grano.
—Tu padre quiere verte. Ahora.
¿No le había dicho a su padre que la dejara en paz por lo menos durante una semana?
—Muy bien —estaba preparada para discutir con él.
Su padre empujó hacia atrás la silla cuando ella entró.
—Tengo una noticia extraña. Malas noticias.
El corazón se le disparó.
—¿Mamá?
—No tu madre está bien. Es sobre Pedro.
Ella se detuvo, con el corazón en la garganta, intentando concentrarse en las revelaciones de su padre.
—¿Qué? ¿Qué es?
—Acabo de recibir una llamada de mi amigo en el Sports Illustrated. Uno de sus escritores estaba haciendo un reportaje sobre los mayores héroes del fútbol y el nombre de Pedro estaba en la lista —su padre se pasó la mano por la cara—. Evidentemente el escritor desenterró algo sucio sobre Pedro. Algo de su pasado.
¿Estaba Pedro ocultándole algo a ella? ¿A todos? El corazón le dolía por él, incluso mientras intentaba enterrar su dolor porque no hubiera confiado en ella.
—¿Te dijo tu amigo que era?
—No. Y dado que Pedro está a punto de retirarse, este es el momento para que piense en autobiografías, giras, visitas a los institutos para motivar a los estudiantes. Todos vamos a perder mucho, pero Pedro el que más. Tienes que averiguar qué demonios hizo y rápido. Y luego arreglarlo aun más rápido.
domingo, 13 de noviembre de 2016
CAPITULO 32 (SEGUNDA HISTORIA)
Durante el juego, cuando Pedro lo estropeó todo, no perdió el tiempo disculpándose con nadie; tan solo dejó bien claro a sus compañeros de equipo y al entrenador que haría los cambios necesarios para jugar bien el próximo partido.
Cometer un error era humano, pero hacerlo nuevamente era patético; e imperdonable.
Después de quince años, entendía todo lo que pasaba en el campo de fútbol. Pero era un idiota jodiéndolo todo cuando se trataba de Paula. Una imagen tras otra le asaltaron cuando entró en el coche.
Paula sentada en la silla del Barnum´s alegre y sensual.
Perdiendo el control en su sala de estar y tomando su increíble cuerpo desnudo contra la ventana.
La forma en que su rostro se había transformado la mañana siguiente cuando le había dicho que todo había sido un error.
En el restaurante de Mateo, donde nuevamente había hecho explotar su mente seguida de una mañana increíble.
El ruido del metal en el vestuario cuando se empujaba contra ella.
El policía golpeando en su ventanilla después de una de las experiencias sexuales más explosivas de su vida.
El odio en su rostro cuando la acusó de actuar como una prostituta con JP.
Nunca se había sentido tan cretino. Conduciendo como si llevase un piloto automático, hizo ciegamente el camino a su casa. Entró y la sintió fría. Y vacía. Bien, era un hombre rico, famoso y guapo, pero sin Paula su vida no sería nada salvo una serie de noches vacías con mujeres que no podrían hacerle olvidar a la única que amaba con todo su corazón.
De alguna manera, necesitaba descubrir una manera de hacer las paces con ella. Para convencerla de que real y verdaderamente la amaba y que nunca volvería a comportarse tan mal. Tenerla de vuelta en su mundo era todo lo que le importaba ahora.
E infelizmente, necesitaba de JP para reconquistar su corazón
*****
Cuando Paula finalmente se durmió aquella noche, soñó que estaba viviendo en un castillo bajo el ataque de bandas de saqueadores de los Outlaws y Pedro era un guerrero vengador dispuesto a salvar su vida. Cuando atravesó con la espalda al último de los Outlaws, la cogió en sus brazos con los labios tan cerca de los suyos que podía sentir su gusto.
Entonces se despertó.
No tenía sentido. ¿Cómo podía dormir cuando finalmente le había dicho las palabras que había querido oír toda su vida?
Te amo. Había usado aquellas palabras como un arma para conseguir que le perdonase las cosas horribles que le había dicho y que aceptase follar un poco más.
Aquel día, tenía que reunirse con los clientes de Chaves en el campo de entrenamiento para el partido de verano de los Outlaws. Era su trabajo echarles un ojo a los jugadores en el periodo de fuera de temporada, para notificar quien parecía cansado, quien necesitaba más descanso y quien debía pasar más horas en el gimnasio para renovar fuerzas.
Acostumbraba a esperar ansiosa durante todo el año, porque era su única ocasión de mirar abiertamente a Pedro, de fantasear sobre él. Ahora todo había cambiado.
¿Había sido fácil para él? ¿Había estado tan enamorada de su imagen que no quiso ver al verdadero hombre bajo ella?
Tipos como JP y Lisandro Calhoum no escondían su arrogancia y su gusto por muchas mujeres. Por el contrario, casi parecían orgullosos de sus fallos.
De repente pareció que Pedro había intentado duramente ser el hombre perfecto.
Tomó un taxi al campo de entrenamiento, temerosa en todo momento de ir. De alguna manera necesitaba mantenerse entera cuando él saliese al campo.
—¡Paula! —gritó JP cuando ella caminaba sobre la hierba—. Gracias por darme esta oportunidad. Va a ser bueno jugar un poco y mostrarle a todo el mundo lo que valgo.
¿Cómo estaba tan fresco y lleno de energía?
Intentó esbozar una sonrisa y falló.
Él se aproximó aún más. Su expresión era extrañamente seria.
—No pareces estar bien. ¿Pasó algo ayer noche después que me fuera? —miró sobre el hombro a los jugadores que se encontraban en el campo— ¿Puede ser que el pervertido de Pepe finalmente haya hecho algún movimiento?
—Claro que no, —negó— he dormido mal. Hacía mucho tiempo que no bailaba de esa manera. Estoy bastante dolorida.
Se volvió hacia el JP que esperaba y él la miró de arriba abajo admirado.
—Si necesitas un masaje me avisas —levantó las manos—. Estas nenas son mágicas.
Ella consiguió una verdadera sonrisa. ¿Quién hubiese pensado que realmente le iba a gustar? Era un patán, pero en el fondo era un chico agradable. Para una mujer como ella, que no se sentía atraída por él, era alguien inofensivo.
—Te voy a tomar la palabra —dijo ella sabiendo que era su trabajo alimentar su ego—. Voy a quedarme tomando notas de tu presentación de hoy y después nos vamos a sentar y a discutir todo mañana lunes. El cómo juegues hoy va a significar mucho. No lo estropees.
—De repente me has recordado a mi maestra de matemáticas de noveno —JP cogió la pelota de fútbol y silbó—. Era dura. Y sexy.
Ella tuvo que reír cuando él corrió hacia el campo. Si pudiese descubrir una forma de canalizar el humor erótico de JP en algo popular, tendrían contratos a montones.
Su padre gritó su nombre y se dirigió al área de los asientos cubiertos en la línea lateral.
—Buenos días —dijo fríamente cuando llegó a su lado, aún enfadada por la manera en que le había hablado el día anterior.
—Pensé que había sido claro ayer —dijo con voz dura.
Su corazón se sumergió en sus zapatos. Mierda. Sabía lo de la noche anterior. Con las nuevas noticias no se extrañaba que estuviese enfadado.
—Los rumores se esparcen rápidamente en este negocio. Tendré cuidado sobre la conveniencia de aceptar invitaciones a bailar en el futuro.
—Paula, no necesitas disculparte por su comportamiento —dijo la voz profunda y sexy de Pedro tras ella.
¿Cuándo había llegado hasta ellos? Echándole una mirada a su padre, notó las manchas rojas en su cara.
—Debías estar elogiándola por su excelente trabajo al entretener a dos de sus clientes ayer noche.
—¿Estabas allí también? —las cejas de Tomas se juntaron—. Pensé que Paula y JP habían tenido…
¿Cómo podía pensar su padre que podría enamorarse de un pervertido como JP? Era más inteligente que eso.
Y si Pedro no hubiese entrado en la conversación “salvándola” habría tenido la satisfacción de decirle algunas verdades a su padre. Por el contrario, él estaba pasando por encima de ella.
Eso era lo que pasaba: Pedro y su padre eran de la misma especie. Ninguno confiaba en que ella tomase decisiones acertadas. Ninguno pensaba que era capaz de valerse por sí misma.
—Basta ya —levantó la mano— he oído suficiente. Estoy aquí esta mañana para tomar notas sobre cómo están jugando mis clientes —le dirigió a Pedro una mirada dura—. Te están esperando en el campo.
Sus ojos oscuros estaban ilegibles y, con un gesto se dirigió al campo, con el casco sujeto firmemente en su mano.
Entonces encontró la mirada de su padre.
—Este es el trato. Durante una semana no vas a decirme nada, no me vas a dar sermones y no vas a sacar conclusiones precipitadas. Voy a trabajar con mis clientes de la manera que crea mejor. Si JP no consigue equipo al final de la semana y juzgas que mi trabajo es indigno de la Agencia Chaves, puedes despedirme. Sin pena. Sin recriminaciones.
—Estoy intentando descubrir el porqué no debo despedirte ahora mismo —un músculo en la mandíbula de su padre saltó de rabia—. Si cualquier otro agente me hablase así, sería historia.
—Ciertamente podrías hacerlo —Paula se encogió de hombros. No le tenía miedo a su padre y se preguntó porque siempre se lo había tenido— mientras, podrías perder a tu mejor agente.
Él parpadeó una vez. Dos veces.
—Una semana —dijo, y en seguida anduvo hacia el grupo de agentes en torno a las rosquillas y al café.
La boca de ella se curvó en una sonrisa. Finalmente lo había sorprendido. Por primera vez en su vida, parecía que él no reconocía a la mujer frente a él. Tal vez nunca la había conocido realmente.
Y tal vez ella no se conociese a sí misma.
Se sentó e intentó concentrarse en los bloqueos y los pases de JP, pero se encontraba constantemente distraída por Pedro.
Sin embargo no por las razones habituales.
Pedro siempre había sido un jugador excelente y constante en el fútbol. Dónde la mayoría de los tipos tenían su cuota de juegos bajos, incluso una estación baja dónde las cosas se ponían verdaderamente difíciles, él recibía un salario bien merecido. Sus juegos eran inspirados y raramente driblados por la línea defensiva.
Pero aquella mañana, era un auténtico desastre, con malas caídas. No conseguía coger nada que le fuese lanzado. Se estremeció cuando cayó bajo un linebacker y habría quedado horrorizada por lo que le pasase si no estuviese tan preocupada por el dolor de debía de estar sintiendo.
Las palabras de su padre volvieron: está próximo al retiro.
Después de un mal juego, Pedro cojeó hacia las líneas laterales y JP se movió para sustituirlo. El lunes por la mañana, no importaba el dolor que estuviese sintiendo, como su agente tendría que decirle duras verdades. Si continuaba presentando un nivel tan bajo, especialmente si tenía aquella porquería de juego al inicio de la nueva temporada, los patrocinios futuros, sin mencionar los nuevos y lucrativos contratos, serían muy difíciles de conseguir.
Pero bajo ninguna circunstancia correría a su lado para tener la certeza de que estaba bien. Porque eso era lo que haría una novia, o una esposa. No una amante de tres días de follada como ella.
El terapeuta físico de los Outlaws empujó y flexionó los brazos, las piernas y el pecho de Pedro.
—¿Te duele algo? —Pedro refunfuñó. Le dolía todo, como siempre. Pero aunque hoy su cuerpo hubiese sufrido una verdadera paliza en el campo, era su orgullo el que dolía como el infierno. Había estado dormido allí, totalmente pasivo.
Ver a Paula tan pálida y tan triste lo entristeció profundamente. Nunca había querido causarle tanto dolor. Cuando había entrado en el estadio aquella mañana, había sido nuevamente alcanzado por el hecho de que ella era la mujer más hermosa que había conocido, pero su reacción había sido más que sexual. Su belleza era más profunda que su cara, su piel y su cuerpo.
Irradiaba bondad en su interior.
Y no confiaba en él. No creía que la amaba.
¿Y por qué debería? Se preguntó cuando el fisioterapeuta le colocó el pie en dirección a los glúteos para estirar sus muslos. La había rechazado, seducido y después había discutido con ella en el hall de entrada y había actuado como un perfecto idiota.
Gruñó por el estiramiento doloroso. Los juegos de post-temporada siempre habían sido un tiempo para la reflexión, pero sus pensamientos se centraban normalmente en el juego.
Hoy, la única cosa en la que podía concentrarse era en Paula.
—Nunca te he visto tan tenso —dijo el terapeuta—. ¿Has estado haciendo algo fuera de lo común últimamente?
Oh, solamente sexo ininterrumpido e insomnio producido por la culpa.
—Las dos últimas noches —dijo finalmente.
Matt empezó a torturar la otra pierna de Pedro.
—Ciertamente tienes suerte —dijo con envidia— los tipos normales como yo tenemos que movernos mucho para conseguir la atención de una chica bonita. Tú tienes que apartarlas como un loco.
Matt estaba en lo cierto, la parte fácil era conseguir a una chica en la cama. Lo difícil era saber cuando era la chica adecuada.
Y tener la certeza de no estropearlo todo.
Haberlo estropeado todo en segundo grado había hecho que encerrase su interior salvaje, permitiendo que se soltase solo en el campo. ¿Se habría transformado en un miserable sin emociones? ¿Un hombre que no podía reconocer el amor cuando le estallaba en la cara?
A Paula le había llevado apenas tres días descubrir una parte suya que había mantenido escondida toda su vida. Vio que toda su infancia había sentido responsabilidad. Sin que le dijese nada sobre su padrastro de mierda y la culpa con la que había convivido durante dos décadas, de alguna manera, Paula había golpeado directamente en el núcleo más profundo y oscuro.
Siempre había pensado que la pasión era una flaqueza y nunca se había permitido sentirse de esa manera con nadie.
Pero con Paula no había tenido elección.
La amaba. Apasionadamente.
Necesitaba de alguna forma compensar la manera cruel con que la había tratado. Necesitaba decirle nuevamente que la amaba, de verdad, sin celos y sin estar cavilándolo todo; por una vez se sentaría de nuevo y escucharía todo lo que Paula quería en vez de pensar lo que él creía que era lo mejor para los dos.
Se sentó en la mesa de masajes y cogió el móvil para, en seguida, telefonear después del Ave María, que era la única posibilidad de ganarse a Paula de nuevo.
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