BELLA ANDRE
viernes, 4 de noviembre de 2016
CAPITULO 1 (SEGUNDA HISTORIA)
—Pedro Alfonso es realmente sexy —dijo la maquilladora abanicándose.
Paula Chaves mantuvo los ojos fijos en su BlackBerry, aunque se estuviese muriendo por darle otra mirada al pecho duro, bronceado y en consecuencia se le hiciera agua la boca. Como representante de la Agencia Deportiva Chaves, de la que su padre era propietario, no estaba allí para desear a uno de los clientes. Ayudar a los jugadores de fútbol profesional durante las sesiones de fotografía y eventos benéficos era su trabajo y solo porque Pedro la hiciese babear, no significaba que podía perder la cabeza por él en público.
Solo cuando estaba sola.
La mujer de mediana edad levantó la voz.
—Estás loca por escribir e-mails cuando ese hombre se saca la camisa. ¿Cuándo vas a tener nuevamente la oportunidad de estar cerca de un torso tan hermoso?
Paula paró de teclear y miró hacia arriba con una sonrisa educada.
—Todo el mundo en la agencia Alfonso está muy orgulloso de lo que ha conseguido Pedro.
Se había pasado una década escondiendo su deseo.
Aquella mañana se había despertado de un hermoso sueño en el que él le había hecho cosas maravillosas con su boca, sus manos increíblemente fuertes y la gruesa protuberancia entre sus piernas, que intentaba no mirar obsesivamente los domingos cuando se vestía para jugar. Tenía la absoluta certeza de que había fallado algunas veces.
—No podría importarme menos el fútbol, —dijo la maquilladora con voz demasiado alta para que Paula estuviese tranquila— pero el hombre tiene unos abdominales increíbles y apuesto a que puedes rodar una moneda por ese trasero.
El fotógrafo pidió algunos retoques rápidos en su cabello y la maquilladora charlatana corrió para tirar algunos polvos en su torso. Paula y cualquier otra mujer en la sala, sabían que él no necesitaba polvos para el brillo de su perfecta piel.
Era simplemente una disculpa de la mujer para tocarlo.
La foto de Pedro vistiendo solamente unos vaqueros viejos y una sonrisa era suficiente para derretir al más frío corazón de mujer… y vaciar su cartera. Como una de las estrellas ofensivas del San Francisco Outlaws, Pedro era el favorito los domingos cuando los americanos se quedaban pegados a sus televisores de pantalla plana. Su poderoso sex- appeal había sido la razón por la que Paula fue capaz de negociar un contrato de dos millones de dólares con Levis-Strauss.
Creció en el mundo de fútbol había visto muchos físicos impresionantes. Bellos abdómenes, culos apretados y hombros anchos. Pero en Pedro el patrón había sido aumentado a once. Sus abdominales parecían pintados por un artista; cada vez que se movía, depresiones profundas surcaban su duro vientre. Sus hombros anchos, su espalda musculosa eran una obra de arte y la forma en que los nervios y tendones de sus tríceps y bíceps saltaban cuando se movía, conseguían que su respiración fuese algo más rápida.
Observándolo a través de la sala, el tiempo retrocedió a sus diecisiete años.
Cada navidad el padre de Paula invitaba a sus clientes más importantes con sus novias y esposas a su casa.
Paula normalmente se escondía en su habitación y leía hasta que todo el mundo su hubiese ido, pero ese año Pedro Alfonso era un nuevo cliente de la Agencia Chaves, y ella no pudo resistirse a espiarlo en la sala a través del balcón de la cocina.
Sentía un enamoramiento arrasador desde que había tenido la suerte de ir con su padre a un juego en la Universidad de Miami, donde había sido el mejor receptor de distancia.
Escalofríos recorrían de arriba abajo su columna, mientras él corría por el campo, aunque el día fuera caluroso y soleado.
Las animadoras saltaban lo más alto que podían y las chicas de la facultad disfrutaban de un modo salvaje con sus minúsculos tops, desesperadas por captar su atención. Él le había dado a la multitud una sonrisa devastadora e inmediatamente se concentró completamente en el juego.
Paula cayó perdidamente enamorada.
Sus hormonas adolescentes se rebelaron desesperadas por liberarse. Nunca había reaccionado así por nadie, ni siquiera por el chico más guapo de la escuela, ni por la más reciente estrella pop. Nunca experimentó tal admiración por la manera en que un jugador de fútbol manejaba la pelota con confianza, pero sin pavonearse. Nunca sintió un hormigueo solamente porque el cabello negro de un tipo se le enrollara en la base de su cuello.
El día en que Pedro firmó con la agencia de su padre fue el mejor y el peor, en un solo día. Encontrarlo de manera regular en los eventos de la agencia la ayudó a recolectar diversos datos para sus fantasías eróticas, siempre crecientes. ¡Si por lo menos no se hiciese la loca a su alrededor! Su cerebro estallaba impotente, su boca decía cosas estúpidas; caminaba por las mesas y tiraba las bebidas.
Aquella Navidad, Pedro Alfonso estaba riendo con su padre frente a la chimenea con una rubia de grandes pechos colgada de su brazo. La chica era guapa, alta, delgada y estaba perfectamente vestida, todo lo que Paula esperaba que debía ser su novia.
Se encogió cuando vio fugazmente su reflejo en una bandeja en la encimera de la cocina. Tenía un cajón lleno de maquillaje caro que nunca tuvo el coraje de usar… hasta hoy. En vez de poner sus mechones incontrolables en una cola de caballo, lo peinó hasta que se formó un halo en torno a su cabeza, como la melena de un león. No tenía la seguridad de que su nuevo peinado fuese mejor que la cola de caballo, pero por lo menos era más adulto. En cuanto a la ropa, desde que empezó a frecuentar una escuela privada que exigía uniforme, no había tenido mucho que escoger, por lo que finalmente decidió usar un pantalón negro apretado que su madre le había comprado el año anterior, y un jersey rojo también ajustado que cogió prestado de su mejor amiga, Alicia, que era mucho más delgada.
Observando a los hombres y mujeres hablando, sus manos se humedecieron y el estómago le empezó a doler. No había manera de que pudiera salir ahí afuera; nunca podría competir con las supermodelos que se divertían con la hospitalidad de su familia.
Giró para irse cuando su padre la vio.
—Paula, ven y dile hola a todo el mundo.
Lamiéndose los labios, que de repente se quedaron secos y rezando para no parecer una boba frente a Pedro lentamente empujó la puerta de la cocina y entró en la sala.
—¿Qué es lo que tienes en la cara? —exclamó su padre alzando la voz ligeramente bebida— ¿Y qué diablos llevas puesto?
Veinte pares de ojos se volvieron hacia ella, el CD de Navidad que sonaba al fondo empezó a saltar y todas las conversaciones se pararon.
Muriéndose de vergüenza, Paula casi no notó que su madre se movía a su lado dándole apoyo. Las observaciones rudas de su padre la herían frecuentemente, pero nunca tanto como hoy. Quería correr fuera de la sala, pero sus pies eran tan pesados como sacos de cemento.
Desesperadamente, esperando que nadie más hubiese oído los comentarios de su padre, forzó una sonrisa.
—Hola a todos —dijo con un pequeño gesto de la mano, evitando mirar a Pedro—. Feliz Navidad.
Dos docenas de magníficos y talentosos hombres y mujeres hermosas sonrieron hacia ella con diversos grados de piedad en sus ojos. Fue el momento más terrible y embarazoso de su vida.
Su padre se dio la vuelta para abrir una botella de Cristal y ella estaba a punto de correr a su habitación cuando la examinó nuevamente.
—¿Y qué le has hecho a tu pelo? Parece que tienes una pelota de baloncesto en la cabeza.
Las lágrimas inundaron sus ojos mientras Pedro hablaba con su padre.
—Para de avergonzar a la chica —se volvió para mirarla—. Estás muy guapa —mintió y, en seguida, gesticuló a la mesa de aperitivos— ¿Tienes hambre?
Su novia tosió en su mano, pero Paula sabía que estaba disfrazando una sonrisa. Sintiéndose como un monstruo movió la cabeza.
—Ahora tengo que volver a mi tarea.
En cuanto se giró, las lágrimas comenzaron a caer. Pedro Alfonso nunca la miraría de otra manera que como a una estúpida chica. Nunca.
SINOPSIS (SEGUNDA HISTORIA)
La hija de un poderoso agente deportivo, Paula Chaves, ha alimentado fantasías rebosantes de deseo por Pedro Alfonso, desde que era una adolescente desgarbada, cuando el guapo receptor del San Francisco Outlaws se volvió el cliente superestrella de su padre. Ahora Paula es la guapa y obstinada socia de la empresa de su padre y estar junto a hermosos cuerpos masculinos es algo normal en un día de trabajo... hasta que el enfrentamiento con Pedro en una sesión de fotos, la ciega de pasión.
Pedro se ha construido una carrera impecable por tenerlo todo bajo control, dentro y fuera del campo. Y, a pesar de su intenso deseo por Paula, no quiere seducir a la hija de su agente. Finalmente ella trama un juego de poder para liberarse de su padre y acaba nerviosa en un bar, en el lado equivocado de la ciudad. Él cree que está rescatando a la Paula inocente que conoció años atrás... pero una noche de pasión ardiente revela a una mujer sin límites, incluyendo el sexo en lugares públicos. Si alguién está quebrando todas las reglas de la seducción es la sexy e irresistible Paula.
Pero Pedro tiene un secreto de años atrás que podría arruinar su reputación y separarlo de Paulaa. ¿Será su pasado de chico malo lo que los obligará a aproximarse? ¿O chocaran y se quemarán?
¿No ha tenido suficiente ya, con los chicos malos?
Una vez un chico malo... siempre un chico malo.
CAMBIO DE PERSONAJES:
PEDRO ALFONSO = LISANDRO CALHOUM
PAULA CHAVES = JULIANA SPENCER
DOMINIC DIMARCO = PEDRO ALFONSO
CAMBIO DE PERSONAJES:
PEDRO ALFONSO = LISANDRO CALHOUM
PAULA CHAVES = JULIANA SPENCER
DOMINIC DIMARCO = PEDRO ALFONSO
jueves, 3 de noviembre de 2016
EPILOGO (PRIMERA HISTORIA)
Cuando las puertas dobles se cerraron, Pedro sacudió la cabeza, sorprendido por como se había hundido todo.
Pero el lío había traído de nuevo a Paula de vuelta a su vida, solo por eso estaba dispuesto a perdonar a cualquiera y a todos.
En la tribuna el asesor habló:
—Pido disculpas por el circo que se ha montado aquí, amigos. Creo que todos nosotros necesitamos unos minutos de pausa y tomar un poco de aire. Reanudaremos la reunión en quince minutos.
La mayoría de los periodistas ya estaban llamando o escribiendo sus historias en las BlackBerries. Pedro sonrió. Ella parecía tener un talento especial para conseguir la atención de la prensa, incluso cuando no la buscaba.
Un Asesor lo abordó primero.
—Quiero disculparme personalmente por lo que acaba de pasar. Bobby Wilson será suspendido, y su caso revisado. Avíseme si hay cualquier otra cosa que pueda hacer para arreglar las cosas.
—Lo haré.
En todo lo que podía concentrarse ahora era en la mujer que amaba. La buscó entre la multitud donde había estado sentada, pero se había ido.
Estaba de pie frente a él.
—Lo siento mucho —dijo Pedro cogiendo sus manos, entonces ella habló:
—No, yo lo siento —mientras lo acercaba más.
—Fui un idiota hace diez años —dijo— Creí que cuando te despertaras y te dieras cuenta de que te habías acostado con un perdedor, me dejarías —le sostuvo la mirada— Así que me fui yo primero. He hecho muchas cosas estúpidas en mi vida, pero no suplicarte para que me dieras una oportunidad, fue la peor de todas. Hasta la semana pasada, cuando te dejé marchar nuevamente. Tú eres más importante para mí que cualquier otro juego, fama o dinero, quiero compartir mis sueños contigo, Paula. Eres todo lo que quiero.
Los ojos de ella brillaban por las lágrimas no derramadas.
—Ni siquiera era honesta con mi propia vida, así que ¿Cómo podía serlo con mis sentimientos hacia ti? No debí de haber insistido en mantener nuestra relación en secreto. Estaba muy asustada, pero ya no lo estoy.
Pedro tomó el rostro entre sus manos y la besó suavemente en los labios.
—He estado huyendo toda mi vida —susurró Paula contra la boca de él— No quiero hacerlo más, te quiero a ti. Tu pasado, tu futuro, todo.
Él movió la cara en su mano y la besó en la mejilla.
—Nunca debí pensar que estabas tratando de hacer daño a Jose. Hiciste una difícil elección cuando hablaste con él. Pero fue la correcta.
Pedro arqueó una ceja.
—He estado muy ocupada últimamente, ¿Sabes? Jose y yo tuvimos una buena conversación, quiere disculparse contigo.
—No es necesario.
—Le dije que sí.
Se acercaron el uno al otro en la sala llena de gente, y diez años desaparecieron.
— ¿Sabes lo que quiero hacer, Paula?
Ella lo miró fijamente conteniendo la respiración a la espera de oír lo que decía.
—Quiero darte un beso ¿Quieres besarme?
Su voz estaba llena de amor cuando dijo:
—Si quiero.
Se puso de puntillas para besarlo en los labios mientras deslizaba sus bragas en el bolsillo del pantalón de Pedro.
—Te amo Pedro. Siempre te amé.
—También te amo Paula, cásate conmigo.
Ella le devolvió la sonrisa.
—Solo juego arriesgándolo todo, mientras que sea contigo.
Fin
CAPITULO 40 (PRIMERA HISTORIA)
Paula estaba en el fondo de la sala de prensa de la NFL, más nerviosa de lo que había estado en toda su vida.
Cuando pensaba en lo que iba a hacer, tenía que luchar contra el deseo de huir rápido y lejos.
Extrañamente, a pesar de que no sabía nada de fútbol hasta hacía unas semanas, no estaba nerviosa al tener que responder preguntas sobre su nuevo papel. Desde que había firmado con la Liga como asesora de imagen, hacía dos días, había aprendido en casa con videos y una pila de cintas de partidos, y entrevistas con los mejores jugadores del campeonato. Aunque Pedro estaba entre ellos. Nadie necesitaba saber que ella había visto sus videos varias veces.
Todo lo que quería era un nuevo comienzo: solo ellos dos y un poco de confianza que esperaba que se convirtiera en un amor fuerte y duradero.
Escudriñó la sala por centésima vez.
¿Por qué Pedro todavía no había llegado? ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si estaba en algún hospital en algún lugar? ¿Pensaría en llamarla?
Esteban Miller puso una silla a su lado, Paula intentó concentrarse en el discurso de bienvenida del asesor de prensa de la NFL, sin embargo en todo lo que podía pensar era en ver a Pedro de nuevo.
El asesor abrió un turno de preguntas y no se sorprendió de que Bobby Wilson fuera el primero en levantarse.
—Como todo el mundo sabe, soy el nuevo dueño de los Outlaws. —Frunció los labios, pareciendo más el lobo hambriento buscando a los tres cerditos. — Tengo una pregunta para la señorita Chaves, si no le importa.
Presintiendo algo jugoso, los periodistas giraron sus grabadoras hacia ella.
—Primero de todo quiero decir que está tan guapa como siempre, señorita Chaves.
Paula esperó a que llegara al punto.
—Me estaba preguntado sobre algo que usted dijo en mi oficina hace unos días —él se detuvo, echándose el sombrero vaquero un centímetro a la izquierda— Si mal no recuerdo, usted dijo que no tenía la experiencia necesaria para restaurar la imagen pública de un deportista. Creo que fue antes de decirme que no trabajaría más con mi muchacho Pedro.
En ese momento Pedro, salió de un rincón oscuro, parecía que no le importara el mundo, como siempre hacia. Levantó una ceja de manera arrogante.
Dios, ella lo amaba. Amaba cada arrogante centímetro de él.
—Algo que aprendí recientemente, es que todos cometemos errores. Hasta una asesora de imagen lo estropea todo de vez en cuando.
Ella sonrió
— Tengo la sensación que eso será muy útil para trabajar con jugadores profesionales.
La risa rodó a través de la multitud y ella esperó que Pedroentendiera que sus palabras iban destinadas a él.
—Hace dos semanas no sabía nada de fútbol y, como mucha gente, pensaba que los jugadores cobraban demasiado y que eran simplemente estúpidos.
Los jugadores se quejaron.
—Perdón, amigos —dijo ella— Pero fue por eso que decidí trabajar con la NFL. Aprendí mucho sobre los jugadores: aprendí, sobre su integridad y entrega, de lo que está realmente bajo la superficie. La NFL es ahora el principal cliente de mi empresa, y dedicaré la mayor parte de mi tiempo y energía para asegurarme que las personas vean a la Liga y a los jugadores de la manera más positiva imaginable.
Paula miró directamente a Pedro.
—Los errores siempre han ocurrido; así es como funciona el mundo, pero de ahora en adelante me comprometo a no dejar ir a nadie hasta que lleguemos a un entendimiento mutuo.
Bobby movió la cabeza.
—Una respuesta muy amable, señorita Chaves, solo hay un problema con eso. — Agitó un sobre manila de nueve por doce centímetros ante ella— Tengo fotos de usted y Pedro Alfonso teniendo relaciones sexuales en un balcón en Napa. ¿Cómo va a justificar eso?
Pedro se abalanzó sobre Bobby en una fracción de segundo y le arrancó el sobre de la mano.
Antes de poder coger el gordo cuello de Bobby en sus manos, un estruendo se escuchó al fondo de la sala.
Un hombre desaliñado y obviamente borracho tropezó en la sala de prensa.
— ¿Dónde está ese rata hijo de puta?
El hombre se tambaleó entre los deportistas y los periodistas, finalmente encontró su destino entre la multitud.
— ¡Me has hecho perder a mi mejor jugador! —Le gritó a Bobby— Ahora que se ha ido todo el mundo me está abandonando, ¡no tengo nada!
Paula rápidamente sumó dos más dos — ¿Pedro había despedido a su adulador agente?
El sudor corría por la regordeta cara de Bobby.
—No tengo ni idea de lo que estás hablando.
Javier señaló a Bobby con mano temblorosa y la saliva voló de sus labios cuando gritó:
—Usted me pagó para que convenciera a Pedro de que se dejara seguir por una estúpida asesora de imagen. Quería dejar a Pedro realmente mal, para desquitarse de lo que hizo a su hijo.
Pedro estaba en una sala llena de gente, entre su agente loco y su jefe más loco todavía, su voz cortó el silencio sorprendiéndolos.
— ¿Su hijo? ¿Lo conozco? —Un segundo más tarde recordó— ¿Joey Wilson? ¿Del campamento de Futbol de Texas? ¿Aquel era su hijo?
—Iba a ser un gran quarterback —escupió Bobby— Hasta que tú monopolizaste todo el protagonismo, maldito hijo de puta.
— ¿No quería ser escritor o algo así?
La cara de Bobby estaba roja como una remolacha.
—Era el mejor del Estado hasta que tú llegaste. Entonces, ninguno de los reclutadores se fijó en él, solo tenían ojos para ti, para el niño bonito. Le dije a mi estúpido hijo que los escritores no importan, los grandes jugadores de fútbol sí, pero él no me escuchó y todo por tú culpa. Y tu agente estaba muy feliz de coger mi dinero para asegurarse de que no buscaras otro equipo.
Un murmullo bajo salió de la multitud de periodistas. Una cosa era ser duro con un deportista, y otra completamente distinta, era difamar su profesión. Los guardias de seguridad, temiendo claramente por la integridad de Bobby lo empujaron entre la multitud y lo llevaron fuera, por las puertas dobles, gritando durante todo el camino.
CAPITULO 39 (PRIMERA HISTORIA)
Pedro entró en la elegante oficina de su agente sin previo aviso. Para el momento en que la joven y bonita secretaria de Javier descubriera como usar el interfono, él ya se habría instalado en la cómoda silla de gamuza para los clientes.
Rápidamente enmascarando su sorpresa, Javier apagó las carreras de caballos que veía en la televisión de plasma Bang & Olufsen de sesenta pulgadas y se quitó los auriculares.
— ¿Has ganado? —preguntó Pedro.
Francamente no estaba tan sorprendido al descubrir que su agente estaba atrapado hasta el fondo en el mundo de los corredores de apuestas y las deudas. Ellos nunca habían sido amigos. Nadie podía discutir que Javier era un maestro en hacer negocios y el dinero siempre había sido increíble. Pero ahora que Pedro había confirmado sus sospechas sobre la predilección de Javier por las prostitutas y las drogas, se preguntaba si había sido inteligente por su parte dejar que alguien así lo representara durante tantos años.
Javier se colocó la corbata y cogió una carpeta de papeles de su escritorio.
—Me alegro de que estés aquí. Acabo de conseguir los contratos de Buzzed Cola. ¿Alguna vez has querido comprar un castillo francés?
— ¿Es mucho dinero, eh?
Javier chasqueó los labios.
—Los royalties lloverán durante años. —Él prácticamente estaba bailando ante la perspectiva de cerrar aquel negocio. Y no era para menos: el diez por ciento de diez millones era un millón. Alguien tenía que pagar las televisiones de pantalla grande, su excelente ubicación en Unión Square y las deudas de juego.
Pero él no iba a hacerlo nunca más.
Pedro ojeó el grueso contrato que Javier le dio. No había duda que las cifras parecían buenas, pero él tenía ya más dinero del que podría gastar. Un castillo francés no estaba precisamente en su lista de necesidades.
— ¿Estás realmente seguro de que esto es un buen paso? ¿Muchos niños se aficionaran a esa porquería?
Javier bufó.
— ¿Y qué? Confía en mí es un producto caliente y tú eres perfecto para esto.
—Oigo lo que dices. Pero solamente hay un problema.
El pánico iluminó los ojos de Javier.
—Nada que no pueda resolverse. Tú solo dime qué quieres que cambie y me ocuparé de ello.
Pedro se levantó y cogió el contrato para asegurarse de que sería eliminado correctamente.
—Hemos tenidos algunos años buenos Javier, pero ha llegado la hora de llevar mis negocios a otra parte.
El agente hizo una mueca.
—No habrías sido nada sin mí, solo un pequeño vagabundo de caravana.
Pedro se dirigió a la puerta sintiendo como si le hubieran quitado un peso de los hombros.
—Tal vez si, tal vez no. —El próximo agente que contrataría sería alguien que quisiera estar a su lado.
Javier claramente no podía resistirse a una despedida.
—Deberías estarme agradecido por haberte conseguido a esta puta. Apuesto a que su coño era caliente, apretado y mojado.
Pedro soltó la manilla de plata. Estaba muy cerca de saltar sobre su ex agente y macharle la cabeza con algunos golpes rápidos.
En vez de eso lo inmovilizó con la mirada.
—Di lo que quieras de mí, pero si alguien me cuenta que has dicho algo sobre Paula, será mejor que pienses en colocar un sistema de seguridad impenetrable en tu casa. Y no salgas a la calle nunca.
Dejó el edificio, una vez en la acera se puso una gorra de beisbol sobre la cabeza. Qué había querido decir Javier con ¿Deberías estarme agradecido? ¿No había sido idea de Bobby contratar un asesor de imagen? En ese momento, no había pensado mucho sobre lo rápido con que Javier había estado de acuerdo con las exigencias de Bobby. Tal vez. Tal vez debería haberlo hecho.
Algo estaba en el aire, pero antes de que comprendiera lo que era, tenía que pedir un favor.
Cogiendo su móvil, marcó el número de la sede de la NFL.
—Esteban, soy Pedro Alfonso.
Esteban Villers, el vicepresidente de relaciones con la prensa, era un buen amigo suyo desde que regresó de su año de novato en Pittsburgh. Esteban se retiró unos años después que Pedro se hiciera profesional y trabajaba para la NFL desde entonces.
—Colega, tus orejas tienen que estar ardiendo.
En cualquier otro momento, Pedro habría asumido las cosas buenas que se estarían diciendo, pero por el momento, prefería no escuchar ni una palabra de la calle.
—Esteban, necesito un favor.
—Siempre me alegra ayudar a un amigo.
—No sé si lo sabes, pero he trabajado con una asesora de imagen. Una excelente asesora de imagen. Paula Chaves.
Decir su nombre en voz alta, le hizo recordar todo nuevamente. Su olor, el sabor de sus labios. Las suaves curvas retorciéndose bajo él.
Esteban se rió.
—Confía en mí, la situación habría sido imposible de pasar por alto.
Pedro fue directamente al grano.
—Creo que sería un gran activo para la NFL.
No estaba seguro de que ella agradecería que la recomendase a la Liga, pero estaba dispuesto a intentar cualquier cosa en ese momento.
Además si ella conseguía ese trabajo, entonces por lo menos sabía que la vería de vez en cuando. Ella probablemente actuaría como si estuviera muerto, pero continuaría insistiendo hasta que se ablandara ante la presión y le diera otra oportunidad.
— ¡No me digas! —Fue la respuesta de Esteban. —Cuando vimos lo bien que lo había hecho con tu jodida imagen, nos dimos cuenta que la necesitábamos. Está considerando cuidadosamente la oferta.
¡Qué burro era! Claro que la Liga había notado el increíble trabajo que Paula había hecho con él manipulando —y limpiando— su imagen.
— ¿Qué tal si me haces un favor? —dijo Esteban y Pedro supo exactamente lo que se avecinaba.
—No te preocupes, no voy a estropearte las cosas, diciéndole a ella que creo que es una buena idea.
— ¿Estás bromeando? Ella habló muy bien de ti y yo te iba a pedir que tú le hablaras bien de nosotros a ella.
Pedro casi dejó escapar un ¿Ella habló bien de mi? Pero parecería demasiado patético, incluso dentro de su propia cabeza.
En cambio dijo:
—Claro que sí, Esteban.
Él nunca se había olvidado de aquella noche con Paula en el barco, ni en diez largos años de mujeres hermosas. Qué pena haber sido un joven de dieciocho años de edad, una cobarde comadreja asustada por la idea de que le iba a dar una patada en el culo cuando supiera que era un deportista pobre. Nunca había intentado hacerle entender la intensidad de lo que sentía por ella y pensó que era más fácil dejarla ir.
No podía estar más equivocado.
La próxima vez que viera a Paula, arriesgaría su corazón, aunque sabía que la probabilidad de que se lo pisoteara era demasiado alta.
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